AÚN ESTÁN

Hace unos treinta años viví algo que todavía no logro explicar.

Eran las dos de la tarde. Plena luz del día. Nada de sombras nocturnas ni sugestión de madrugada. El garage daba directamente al patio; no había divisiones, uno entraba y al fondo se abría el espacio hacia el aire libre.

La casa había sido de mi abuelo. Él murió cuando mi padre tenía apenas cuatro años, así que yo nunca llegué a conocerlo. Para mí era una figura construida a partir de relatos familiares y una foto antigua en blanco y negro.

Ese día entré al garage y cerré el portón de madera, muy liviano. No era pesado ni metálico; era de esos que apenas empujás y encajan con un golpe suave y hueco. El sonido fue corto, seco… y después quedó el silencio.

Había luz natural entrando desde el patio. Todo estaba claro. Visible. Normal.

Y entonces ocurrió.

La voz no vino de atrás.

No vino de lejos.

Estuvo frente a mí.

Clara. Masculina. Firme.

—TENE CUIDADO PORQUE…

La escuché como si alguien estuviera parado a pocos metros, mirándome. No fue un pensamiento interno. No fue imaginación. Fue externa, con dirección, con presencia.

Mientras la frase quedaba inconclusa, la voz comenzó a desplazarse hacia el fondo, hacia el patio. Se fue alejando mientras hablaba, como si quien la pronunciaba caminara y cruzara ese límite invisible entre el garage y el exterior. Las últimas palabras se volvieron incomprensibles hasta desaparecer por completo.

Me quedé inmóvil.

Miré hacia el patio. No había nadie.

No había pasos.

No había sombras.

Salí de inmediato y revisé todo. Nada.

Intenté convencerme de que había sido algún ruido deformado, una voz lejana arrastrada por el eco. Pero no encajaba. La voz había estado frente a mí… y se había ido hacia el patio.

Tres días después tuve un accidente en la moto.

No fue mortal, pero sí lo suficientemente fuerte como para que esa advertencia volviera con exactitud a mi memoria.

Nunca supe cuál era el “porque”.

Nunca conocí a mi abuelo.

Pero en esa casa que había sido suya, en plena luz de la tarde, con un portón de madera liviano recién cerrado, alguien me habló… y luego se fue hacia el patio, como si simplemente hubiera dicho lo que podía decir.

Lo que más me inquieta no es el accidente.

Es que, después de tantos años, todavía recuerdo el lugar exacto donde estuvo parada esa voz.

Ubicación

Detalle: Sáenz Peña, Distrito Ciudad de Las Heras, Departamento Las Heras, Mendoza, M5539KTR, Argentina

País: Argentina

Provincia: Mendoza

Ciudad: Las Heras

Coordenadas: -32.849351, -68.838436

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