Publicado el 20/01/2026 12:55
VOCES ANTIGUAS DEL MONTE DE ORO
San Francisco del Monte de Oro, San Luis – Enero de 2015
El hecho ocurrió una noche de verano, en enero de 2015, en San Francisco del Monte de Oro, provincia de San Luis, Argentina.
Eran aproximadamente las doce de la noche. No había luna. El cielo estaba completamente despejado, sin una sola nube, y la Vía Láctea se veía con una nitidez impresionante, como si estuviera en alta definición. La oscuridad era total, pero no opresiva; era ese tipo de noche profunda que solo existe lejos de las ciudades.
Yo iba manejando por un camino rural cuando vi un grupo de vizcachas a la orilla del camino. Frené el vehículo y decidí bajarme. Me introduje en el monte unos metros para observarlas. Me gusta la naturaleza y el comportamiento de los animales, y me quedé contemplando cómo iban y venían, cruzándose entre ellas, tranquilas, ajenas a mi presencia.
Habrán pasado unos cinco minutos cuando todo cambió.
Escuché claramente el grito de advertencia del viscachón. Fue un sonido seco, contundente, inconfundible. En ese mismo instante, las vizcachas salieron corriendo en todas direcciones, como si algo las hubiera puesto en alerta máxima. Estoy casi seguro de que se dirigieron a sus madrigueras.
Sonreí por dentro. Pensé en lo perfecto del funcionamiento de la naturaleza, en cómo un solo sonido basta para que todo un grupo entienda que hay peligro.
Decidí volver al camino. Me había internado en el campo unos cien metros, así que empecé a desandar mis pasos. Fue entonces cuando escuché una voz.
—SHEJUE.
Me detuve en seco. Dejé de caminar.
Pensé que podía tratarse de una lechuza o algún búho. En esa zona no sería raro. Seguí escuchando con atención.
La voz volvió a oírse.
—SHEJUE.
Esta vez sonó diferente. Más firme. Más cargada. Ya no parecía el sonido de un animal. Sentí una incomodidad inmediata, una tensión difícil de explicar. Me pregunté en voz baja qué era eso y, contra toda lógica, caminé en la dirección desde donde creí que provenía el sonido.
Llegué hasta un grupo de chañares. Me agaché bajo sus ramas para contrastar las siluetas contra el cielo nocturno. No llevaba ningún tipo de linterna ni artefacto luminoso, así que usé la luz de las estrellas para intentar distinguir si había algún ave posada en los árboles.
No había nada.
Al no ver nada arriba, avancé un poco más, acercándome a la base de uno de los chañares.
Entonces volvió a escucharse.
—SHEJUE.
Esta vez fue más fuerte. Más clara. Más cercana.
En ese instante sentí algo muy concreto: no miedo, sino advertencia. Una certeza interna de que no debía estar ahí. De que ese sonido no era una curiosidad, sino un límite.
No vi absolutamente nada. Ninguna sombra, ningún movimiento, ningún animal. Pero el mensaje fue suficiente. Me di media vuelta y salí del monte sin correr, pero sin dudar.
Tiempo después, investigando sobre la zona, supe que en esos territorios habitaron los pueblos comechingones. Descubrí también que, según algunas interpretaciones, la palabra “Shejue” en su lengua se asocia al concepto de espíritu.
Desde entonces, esa noche quedó grabada en mi memoria. No como un susto, sino como una experiencia de contacto. Algo que no buscó mostrarse, solo advertir.
Y eso, a veces, es mucho más inquietante que cualquier aparición.
Inicio: 01/01/2025
Fin: 30/01/2025
Detalle: San Francisco del Monte de Oro, Municipio de San Francisco del Monte de Oro, Ayacucho, San Luis, Argentina
País: Argentina
Provincia: San Luis
Ciudad: San Luis
Coordenadas: -32.525865, -66.071949
Comentarios
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Comentarios(1)
Publicado el 20/01/2026 12:55
Muy buena anécdota, me intrigo